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sábado, 16 de noviembre de 2013

Parábolas del Reino: El Tesoro escondido y La perla de gran precio



 Mateo 13: 44-50
 Esta es una doble ilustración de una misma cosa: las figuras describen el valor “inestimable de Cristo” para el alma humana. Para obtener lo que el Señor “ofrece” vale la pena dejarlo todo si fuera preciso, aún la vida misma.

El tesoro escondido

No es correcto pensar que podemos hacer  nuestro “este tesoro”, sin dar nada a cambio, si bien es cierto que no podemos hacer nada para alcanzar la justificación , debemos sin embargo honrar a quien, sin precio y sin dinero nos ofrece perdón, justificación y salvación eternas.
Este tesoro” no es otra cosa que el preciado conocimiento de la revelación del evangelio el cual debemos valorar hasta el punto de dejarlo todo por él.
Ver:

Pr. 2: 1-6
Is. 33: 6
Is. 45: 3
Lc. 18: 22
Lc. 12: 33-34
2 Cor. 4: 7
Col. 2: 2-3
Heb. 11: 26

 La perla de “Gran“ precio
Las perlas eran y aún son, un artículo de “gran precio”, se usan como adorno en cosas y personas, coronas y diversas alhajas.
Se encuentran en el “interior” de ciertas especies de moluscos, como las ostras. Es asombrosa su belleza, como es misteriosa su formación; las hay absolutamente perfectas, acabadas de hermosura.
Hay ostras “perlíferas”, se dicen que las mejores se encuentran en el Océano Indico, especialmente en el Golfo Pérsico y África.
Estas dos parábolas, son similares, no idénticas, porque muestran que en tanto que uchos encuentran esta gran salvación sin buscarla, otros en cambio, la hallan después de haberla “buscado mucho tiempo”, en todo caso la interpretación es la misma; es preciso valorar tamaño tesoro y estar dispuesto a dejarlo todo para poseerlo.
Texto para memorizar:
Lc. 10: 21
He. 5: 13 (inexperto en la palabra “niño”)

Comentario

 El tesoro escondido

La perla de gran precio

La red


Encontrarse accidentalmente con un “tesoro”, es una fantasía que muchos han tenido a través de los tiempos, quizás sea esta, una de las cosas más emocionantes y felices que pueden sucederle a una persona en la vida, un tesoro es semejante a una cuantiosa herencia, a un billete premiado, etc.
Ya desde los lejanos tiempos de los “piratas”, míticos buscadores de tesoros perdidos o escondidos, o los legendarios buscadores de oro que soñaban encontrar la famosa “beta dorada”, y dedicaban toda su vida a una tarea tan ardua como impredecible; en ocasiones sus esfuerzos eran premiados con el feliz hallazgo de algunas brillantes “pepitas” que no hacían sino alimentar sus sueños de futuras y grandes riquezas, y redoblaban sus esfuerzos luego de gastar alegremente sus magros ingresos. Así pues, encontrar riquezas escondidas ha sido para muchísimas personas, un desafío digno de dedicarle la existencia, y lo han hecho sin medir los riesgos, ni quejarse por los costos.

La perla preciosa

 Las perlas “perfectas” tienen un valor “inestimable” para quienes admiran su belleza y perfección, son difíciles de encontrar, se requiere de gran “esfuerzo” y “perseverancia” de ahí el altísimo costo que tienen en el mercado; se encuentran celosamente escondidas en el interior de ciertos moluscos como las ostras “perlíferas” en el océano Indico o el golfo Pérsico y Africa. Son tan bellas y acabadas de hermosura que se diría que Dios mismo las hubiese creado.
¡Cuánto más habremos de valorar aquellos que sin merecerlo y muchas veces hasta sin buscarlo, hemos hallado, según la divina providencia, el “tesoro escondido”, la “perla perfecta”, el “verdadero” camino, la “verdad” única y la “vida” eternal!


Pastora Ofelia Manzur de Guajardo