Mateo 13: 44-50
El tesoro escondido
No es correcto pensar que podemos
hacer nuestro “este tesoro”, sin
dar nada a cambio, si bien es cierto que no podemos hacer nada para
alcanzar la justificación , debemos sin embargo honrar a quien, sin
precio y sin dinero nos ofrece perdón, justificación y salvación eternas.
“Este tesoro” no es otra
cosa que el preciado conocimiento de la revelación del evangelio el cual
debemos valorar hasta el punto de dejarlo todo por él.
Ver:
Pr. 2: 1-6
Is. 33: 6
Is. 45: 3
Lc. 18: 22
Lc. 12:
33-34
2 Cor. 4: 7
Col. 2: 2-3
Heb. 11: 26
Se encuentran en el “interior”
de ciertas especies de moluscos, como las ostras. Es asombrosa su belleza, como
es misteriosa su formación; las hay absolutamente perfectas, acabadas de
hermosura.
Hay ostras “perlíferas”,
se dicen que las mejores se encuentran en el Océano Indico,
especialmente en el Golfo Pérsico y África.
Estas dos parábolas, son
similares, no idénticas, porque muestran que en tanto que uchos encuentran
esta gran salvación sin buscarla, otros en cambio, la hallan después de haberla
“buscado mucho tiempo”, en todo caso la interpretación es la misma; es
preciso valorar tamaño tesoro y estar dispuesto a dejarlo todo para
poseerlo.
Texto para memorizar:
Lc. 10: 21
He. 5: 13
(inexperto en la palabra “niño”)
Comentario
La perla de gran precio
La red
Encontrarse
accidentalmente con un “tesoro”, es una fantasía que muchos han tenido a
través de los tiempos, quizás sea esta, una de las cosas más emocionantes y
felices que pueden sucederle a una persona en la vida, un tesoro es semejante a
una cuantiosa herencia, a un billete premiado, etc.
Ya desde los
lejanos tiempos de los “piratas”, míticos buscadores de tesoros perdidos o
escondidos, o los legendarios buscadores de oro que soñaban encontrar la famosa
“beta dorada”, y dedicaban toda su vida a una tarea tan ardua como
impredecible; en ocasiones sus esfuerzos eran premiados con el feliz hallazgo
de algunas brillantes “pepitas” que no hacían sino alimentar sus sueños
de futuras y grandes riquezas, y redoblaban sus esfuerzos luego de gastar
alegremente sus magros ingresos. Así pues, encontrar riquezas escondidas ha sido
para muchísimas personas, un desafío digno de dedicarle la existencia, y lo han
hecho sin medir los riesgos, ni quejarse por los costos.
La perla preciosa
¡Cuánto más habremos
de valorar aquellos que sin merecerlo y muchas veces hasta sin buscarlo, hemos
hallado, según la divina providencia, el “tesoro escondido”, la “perla
perfecta”, el “verdadero” camino, la “verdad” única y la “vida”
eternal!
Pastora Ofelia Manzur de Guajardo