Introducción
Liberación Juan
8:31-34
Consolación Mateo
5:4
Perdón Lucas
24:46-47
La Sanidad Interior es la resultante de estas tres obras de
gracia, que el Señor hace en nuestras vidas; tanto la liberación, como
el perdón y la consolación, están estrechamente unidas para tal
fin.
Ver: Isaías
42:6-7
En ocasiones Dios comienza consolando y luego libera,
en otras, quizás en la mayoría es necesario primero la liberación, la que se
produce a través del entendimiento y la aceptación de su palabra.
Aquí no hablamos de expulsión de demonios, sino más bien de
la “liberación” de “prisiones espirituales” en las cuales Satanás
ha mantenido “preso” al hombre a lo largo de toda su vida. Este
siniestro ser jamás abrirá voluntariamente las puertas de la cárcel, por lo que
el hombre necesita la ayuda divina.
Ver: 2ª Timoteo
2:24-26
Lucas
13:16
La gloriosa manifestación de Dios en Jesucristo tal
como hemos visto en los pasajes bíblicos, conlleva el divino propósito de rescatar
al hombre del poder del maligno, y hacer resplandecer sobre él la luz de su
conocimiento.
La necesidad de
Liberación
“Prisiones”
Salmo 107:10-16 lenguaje
doble referencia
116:1-16 tu haz roto mis prisiones
142:1-7 saca mi alma de
la cárcel
Vemos en Salmo 116 como el salmista describe sus
sentimientos de angustia, su temor a la cercanía del sepulcro. Salmo 116:1-16.
La aflicción de espíritu y el temor habían hecho presa
el alma del salmista.
El temor a la muerte es sin duda una de las primeras cadenas
que Cristo nuestro Señor ha roto en los creyentes. Hebreos 2:14
En ocasiones temporalmente, aún los cristianos podemos
sentirnos oprimidos o presos de diversas circunstancias; también podemos ser
agobiados por “sentimientos destructivos” como la amargura, el rencor,
envidias, celos, etc. o quizás, caer presos de la avaricia, la vanagloria.
En estos casos, debemos, con la ayuda de la palabra de Dios, reconocer
cuanto antes nuestra condición y volver a la libertad completa. La
“gloriosa libertad de los hijos de Dios” como la llama San Pablo en Romanos
8:21.
Prisiones espirituales
El temor a la muerte → es prisión
El rencor → es prisión
La amargura de espíritu → es prisión
El pecado → es prisión
La envidia → es prisión
Los celos → es prisión
Los vicios → es prisión
Toda vez que nos vemos atrapados por una situación
que no podemos controlar, debemos acudir al Señor para ser libres y recuperar
el gozo de la salvación.
“Cadenas Rotas”
Hechos 16:26-27 Lenguaje
de doble referencia
“las
cadenas de todos se soltaron”
Reflexiones finales
Para los creyentes, la “Sanidad Interior” depende en
gran medida de la sinceridad, el arrepentimiento, la fe y por supuesto la
acción.
Hay algunas cosas importantes que debemos tener en cuenta,
para que la obra amorosa de Dios sea una realidad en nuestras vidas.
* No debemos victimizarnos, y echarle la culpa siempre
a los demás , o a las circunstancias “injustas” que nos tocan vivir.
* La falta de objetividad con respecto a nosotros mismos,
suele ser un tropiezo serio para avanzar en el tema.
* Aconsejamos leer y releer, las palabras de Dios que nos
declaran el deseo de nuestro Señor que vivamos una vida en completa libertad y
confianza en nosotros mismos y fundamentalmente en sus eternas promesas.
* Es bueno hablar al respecto con otras personas que busquen
la misma bendición. Podemos leer algún buen libro y por supuesto y sobre
todo ORAR. Santiago 5:13 y Salmo 147:3.
El ejemplo de José Génesis 41:50-51
Manasés = “el que hace olvidar” la
forma de olvido
Efraín = “el que hace fructificar es la consolación
Nuestra mente ha sido creada para “guardar”, “retener” y
“archivar” recuerdos e imágenes, mejor y más eficientemente que la mejor
computadora; por esa razón debemos vigilar racionalmente lo que guardamos y
desechar rápidamente lo que perjudica la salud emocional. Tenemos esa capacidad
de discernimiento y podemos y debemos practicarlo. 2ª Timoteo 2:23-24
“El pasado doloroso”
Cuando tenemos una puerta “abierta” que nos conecta
permanentemente con un pasado doloroso, “vivimos” con ese pasado y si no
renunciamos a el, no tendremos presente ni futuro.
La bolsita de huesos → ilustración
“Cómo nuestro “pasado”
puede condicionar nuestro “futuro”
Si no dejamos a Dios hacer su obra sanadora en nosotros,
podemos ser víctimas de nuestro pasado. Todo lo que hemos vivido antes,
será un factor determinante en nuestra vida.
Si no permitimos que el Señor nos sane, lo pasado será como
una muleta a la que estamos acostumbrados, en la cual nos seguimos
apoyando. ¡Será la excusa para seguir cojeando!
¡...oímos decir! Yo soy así porque soy el fruto de la vida
que me dieron… o, soy así porque trabajo en un medio muy duro… o, porque me
crié solo y sufrí mucho.
Hay muchas “razones” valederas para ser “como somos” pero
no deben convertirse en una “excusa”, y ¡mucho menos! cuando tenemos al alcance
la posibilidad de cambiar por completo nuestra vida presente y asegurar nuestro
futuro eterno.
El poder de la mente
Nuestra mente puede renovarse
= cambiar
Pablo dice: Romanos 12:2
Nos habla de transformación y
renovación (nueva vida)
Efesios 4:21-23
Dios ha dado a nuestra mente carnal, una nueva vida
y ha puesto en ella sus mandamientos. Jeremías 31:33 y 34
La mente es la parte más activa en la estructura del alma,
la renovación de la mente es el principio de la Sanidad Interior. Para
el ser humano, el olvido es casi imposible, debemos orar a Dios y dejar que el
“Consolador” el Espíritu Santo, haga su obra de restauración, lo
que traerá paz y descanso a nuestras almas.
No permitamos que el pasado siga ejerciendo dominio sobre
nuestro presente, cerremos las puertas espirituales que dejamos abiertas por temor
o desconocimiento. Borremos definitivamente todo lo que perjudica nuestra salud
mental y comencemos a escribir, una nueva historia.
Leer Filipenses 4:7-9
Jesús ha sido la
única persona que ha vivido en este mundo
de un modo perfectamente sano y normal;
él conoció al hombre en el nivel más
profundo, así que
deberíamos esperar que sus verdades,
sus enseñanzas,
contengan las verdades
psicológicas más penetrantes.
Tomado
del libro; “Sanidad para los traumas emocionales”
Pastora: Ofelia
Manzur de Guajardo